Como no puedo hablar del final de Catherine sin ganarme el odio de todos mis Tetabesties, voy a dedicar las próximas tres semanas a hablar de tres simpáticos juegos indie desesperados por llamar la atención con su temática cruenta. Tenemos un tutorial sobre la muerte para dentro de dos semanas, una investigación policial fragmentada para la siguiente, y hoy, un juego de terror que nos pone en la piel de un sádico torturador y asesino.
El mejor chiste, y quizás el único intencional de este juego es su título: Beautiful Escape: Dungeoneer, que suena a juego de Super Nintendo que nunca fue traducido, y con razón, ya que está programado en el kit de diseño de juegos RPG Maker, lo que hace que antes de bajarlo te sugiera una especie de Shiren the Wanderer con diseños de Toriyama. Bueno, no. Dungeoneer es la historia de Verge, un torturador serial que secuestra gente, la mete en un calabozo, y la hace pasar por circuitos de dolor y humillación hasta su “Beautiful Escape”, o sea, escapar con vida pero el alma quebrada. El sello Nintendo de calidad no anda por ninguna parte.

Verge pasea por una ciudad gris, buscando víctimas y recolectando distintas trampas de Lorry, el dealer número uno de motosierras, tanques de agua, y otras mil cosas tipo hojitas de afeitar que bien podrías comprar en Farmacity y llamar menos la atención. El propósito de Verge es realizar sus shows de tortura, filmarlos, y subirlos a un sitio de Internet (nota a los programadores: nunca más intenten programar un sitio de Internet dentro de RPG Maker).

El juego tiene una historia que la va de una sociedad secreta de torturadores, y su andrógino campeón del que Verge está enamorado y es francamente intolerable, como toda la estética del juego, con una paleta de 256 colores que van desde el marrón soruyo hasta gris el esputo. La banda sonora es cantada, intenta deprimirnos con temitas como el cover de Mad World que los darkies recuperados recordaremos de Donnie Darko.

Toda esta atmósfera que busca ser opresiva y ominosa se derrumba en las secuencias de tortura, que en vez de ir por lo obvio (cuerpito de víctima, iconitos de cada una de nuestras “herramientas”) resulta ser... el tower defense de la muerte.

El calabozo es un pasillito, en el que ponemos todas nuestras trampas y soltamos a la víctima para que las vaya pisando de a una. Tiene dos barritas, una de fuerza de voluntad y la otra de energía. Si cualquiera de las dos baja a cero, lo perdemos. Lo que queremos es que llegue caaaaasi a cero (a través del uso inteligente de trampas) y que en un minuto, logre el “beautiful escape”, con el alma quebrada y todo eso.
El tono del juego termina de explotar en un festival de risitas en estas secuencias, que tienen poco de ominosas gracias a la decisión del autor Nicolas Chaud de no causarnos la más mínima compasión por nuestras víctimas. Lo que es bien raro, porque es de lo único que hablan estos “siniestros” torturadores, del placer de sentir la desesperación ajena. En la escena que vemos sobre estas letritas, acabo de cortarle la pierna a un fotógrafo que se limita a saltar con cara de triste. Esa es la reacción. Dungeon Keeper (una clara influencia) nos daba más penita.
Hay un par de detalles ingeniosos al final de la historia sobre la idea de darle un puntaje a un acto expresivo (sea una salvaje tortura, un cuento o un videojuego), pero en general, el tono de Dungeoneer es demasiado confuso para horrorizar de forma provocativa al estilo de directores como Haneke y escritores como Bukowski (o, sin ir más lejos, American Psycho de Bret Easton Ellis) y ni siquiera logra esa sensación de “quizás me esté zarpando” de las masacres espontáneas que todos realizamos en juegos como GTA y Saints Row.

El asco, el horror, la fascinación con la muerte y lo grotesco suelen nacer de forma más natural de gente realmente obsesionada con esos aspectos de la psique. Películas como la serie japonesa Guinea Pig (no busques en google, en serio, no la busques), libros como los de Jack Ketchum, o el arte de Witkin o Bacon, producto de mentes que se animan a bucear en sus propios infiernos. Juegos como este, el atroz Super Columbine Massacre RPG o el más ingenioso pero aún más infantil Marvel Brothel (del mismo Nicolas Chaud), mirán de reojo el corazón de la oscuridad. Y sus costados más oscuros son los costados no intencionales. Como la foto que Chaud usa para ilustrar la “portada” de Dungeoneer.

Todo el juego usa este tipo de arte, fotos editadas (por alguna razón nuestro personaje tiene dos lamparitas amarillas en vez de ojos). Esta foto, con su sometimiento casual y casi impersonal por parte del torturador encaja más o menos bien con la historia. Pero de algún lado me sonaba.
Me sonaba porque pertenece a una serie de fotos sacadas en los calabozos (reales) de Abu Ghraib, en Irak. La foto muestra a un soldado (mujer) Estadounidense, torturando a un prisionero de guerra. La serie de fotos es famosa porque los protagonistas son soldados festejando, sonriendo a cámara, deshumanizando al enemigo. Principio en base al que sabemos, tristemente, que el ejército norteamericano entrena a sus hombres. Estas fotos generaron repudio mundial y una serie de análisis sobre el abuso de poder.

¿Es Dungeoneer parte de este discurso? No. Chaud nunca habla del origen de esta imagen, como si la tortura de Abu Ghraib que usa en la portada y las fotos de películas tipo “Saw” que usa para representar a sus personajes fueran intercambiables. Su punto de vista es más infantil y a las vez más académico, más frío, más filosófico y menos específico.
Muchas obras provocativas se hacen mucho más interesantes con las reacciones fascinantes que causan. Tu reacción a “Irreversible” o “El Anatomista” revela mucho sobre tu propia posición frente al horror. Pero Dungeoneer es una provocación fallida... el verdadero horror te agarra por sorpresa, te obliga a mirar y a reflejarte en él. Dungeoneer es como un mago que te explica los trucos antes de bajar las luces y empezar su acto. Y es una pena, ya que como juego está lejos de ser incompetente. Quizás algún día Chaud se aburra de querer shockearnos y saque el gran RPG que tiene guardado en la manga. Bajate Dungeoneer acá y fijate si a vos, al menos, te logra horrorizar.

Nacho Esains (conocido como @Fichinescu en el submundo de la cibertortura) quisiera torturar en un calabozo al director de programación de Fox que decidió que hay que repetir al menos dos veces por semana el capítulo de la Llamarada Moe.

jueves, agosto 11, 2011
Nacho Esains
2 comments:
Me hiciste acordar de cuando yo soñaba con mi jueguito en RPG Maker... Y lo llevaba BASTANTE bien. Diablos, algún día te muestro los dibujos originales.
Linda reseña. Para juegos de terror "retros" ya sabés que te recomiendo los Chzo Mythos de Yahtzee.
Gracias por la reseña!
Mi RPG guardado en la manga se llama Alvorada do Mal. Pero a nadie le importó. Por eso me dedico a juegos mas extraños ahora.
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